Diana Reza, la poeta de los frágiles

Diana Reza es una poeta y narradora mexicana hasta el momento no muy conocida en España. Escribe desde los 17 años cuando ganó una beca del Consejo de cultura y las Artes para jóvenes creadores y desde entonces no ha dejado de estar vinculada a proyectos como “Poetas del megáfono”, un colectivo de creadoras del que es cofundadora.

Tiene dos libros de poesía publicados en México y sus poemas han sido incluidos en diversas antologías y revistas en México y España.

Diana es una poeta de gran sensibilidad y se posiciona del lado de las personas más frágiles, de los desamparados, de las personas perdidas. Quizás acentúe esta gran sensibilidad hacia esas situaciones la suya propia ya que Diana es una persona muy luchadora que padece la enfermedad de Lyme.

Actualmente imparte talleres de poesía y narrativa para niños y adultos.

Esperamos que nos visite pronto en España. De momento se puede conseguir en nuestro país el poemario “Exactitudes imprecisas”.

-Escribes desde muy jovencita ¿recuerdas cómo surgió ese impulso en ti? ¿Fue motivado por la lectura de poesía?

Escribo desde los 12 años. En casa se leía mucho, tengo una hermana historiadora y un hermano escritor, así que (para mi buena fortuna), siempre me pasaron libros excepcionales. Nunca se me impuso la lectura, todo lo contrario, surgió muy natural. Comencé leyendo novela. La poesía la leí por ahí de los 14 años. Recuerdo que la primera novela que leí me pareció alucinante. Me daba una especie de ansiedad y asombro al mismo tiempo, ¿cómo era posible armar una historia con palabras? ¿cómo las palabras lograban imágenes y sentimientos al mismo tiempo? Luego descubrí el humor en las palabras y todo aquello se juntaba y lograba un abismo mágico que estaba al alcance de mis posibilidades.

En un ambiente más terrenal, el hecho de ver a mi hermano tan sumergido en la creación estimuló mis ganas de escribir. La pasión con la cual ambos escribían era realmente contagiosa.

-¿De qué lecturas no has salido igual que entrabas?

Creo que uno siempre regresa a lo conocido, buscando un cierto refugio. Pero la realidad es que ese mismo libro que te dijo tantas cosas en su momento, ahora cobra otro significado, otro conocimiento. En mi caso comencé leyendo autores sajones, así que siempre vuelvo a ellos. Entré a los autores latinos mucho después; creo que en su momento no sentía empatía; pero hoy en día tienen un gran peso en mi vida.

-Diana, ¿Qué tiene la poesía que desde que entraste en ella has decidido habitarla?

Bueno, la verdad es que (como a muchos escritores), me costó trabajo entrar a la poesía. No sé porque se tiene la idea -dentro del gremio- que escribir poemas es tan poca cosa, tan vergonzoso, que nunca lograrás “consolidarte” como un buen escritor.

Esta concepción -en lo personal- cambió radicalmente cuando fui elegida para un encuentro internacional de mujeres escritoras. No solamente revolucionó mi escritura, sino toda la concepción de la vida.

La poesía en ese momento comenzó a habitar en mí…fue como un abrir los ojos a un mundo paralelo, donde las cosas ocurrían sin ataduras, sin tapujos, sin trabas. El verso y yo fuimos uno solo, con sus descalabros, su falta de frecuencia, su delirio insomne. Pude ser yo, en las múltiples facetas. Y hoy por hoy la poesía me conduce a vaivenes hermosos.

-¿Qué te ha aportado el proyecto “Poetas del megáfono”?

Bueno, este proyecto surgió a partir del encuentro que te comento, que fue en 2006. Después de ese encuentro, las poetas que vivíamos en CDMX, nos reuníamos en talleres deliciosamente. Para el 2008, como un acto de magia – como todo lo que ocurría en ese tiempo- decidimos consolidarnos como colectivo.

Me parece que el Megáfono, fue un taller bellísimo de creación y colectividad, que de una u otra manera nos abrió camino a muchas de nosotras.

-En 2008 se publica “Extraña sensación”. Al leerlo me queda la sensación de incertidumbre ante todo, de la inmensidad del mundo y lo frágiles que somos ¿cómo percibes el mundo que te rodea?

Siento que el mundo cada vez es más volátil, que las personas somos más inconstantes, más compulsivas…y esto me da pavor. Muchas veces me detengo, porque siento que voy a colapsar a la velocidad de una sociedad capitalmente emocional… me impresiona ver el ritmo de insatisfacción y falsas expectativas que nos construimos… la poca entrega del ser humano. Nos quejamos mucho y hacemos poco.

-Parece que en estos poemas interpelas a un tercero ¿tenías una imagen de alguien en mente mientras los escribías?

En ese tiempo, escribía mucho con una voz omnisciente, creo que era un poco por inmadurez y miedo de verbalizar desde el YO, una especie de zona de confort que no me permitía romper ciertos límites, ni a descubrir el mundo maravilloso que da la poesía.

Diana, el título de tu poemario “Exactitudes imprecisas” guarda entre paréntesis (las que nunca se dijeron), esta frase lo hace ya enigmático antes de adentrarse en la lectura ¿qué te llevo a reflexionar sobre lo que nunca se dijo?

Me llama la atención las maneras en que uno siempre cede en las relaciones humanas. Como encapsulamos la esencia y nos vamos tragando todo, hasta  el punto de olvidarnos quién somos, para convertirnos en alguien irreconocible…

y entonces todo estalla y te das cuenta, que hablar pareciera tan sencillo (la gente muchas veces te cuestiona porque no decir las cosas tal cual son…pero la realidad es que si dijéramos todo, lo que pensamos y sentimos, sería una matazón)…pero no, los humanos aún no alcanzamos las maneras amorosas de comunicarnos, ni el respeto, ni la integridad de los valores; porque siempre se habla desde un punto egoísta (lo reconozcamos o no)… Nos falta mucho por aprender o como bien dicen “lograr un equilibrio” [carcajada).

-En este poemario nos hablas de amor, de desengaño, de dolor por la ausencia del amor…fue publicado en 2010 ¿cómo viviste esa época de tu vida?

Éste poemario vio la luz hasta el 2013. Fue todo un proceso. Comencé a escribirlo en 2009, empezando una ruptura muy compleja. Luego lo solté y regresé a él.

Se componía en un principio de 90 poemas. Una noche del 2012, decidí retomarlo. Releí lo que llevaba; una cascada nueva comenzaba a retumbar en mi cabeza, pensé que ya no estaba dispuesta a padecer tanta cosa. Fue un proceso ambiguo, amoroso, desgarrador, obsesivo, delirante.

Finalmente le quité más de las ¾ de lo que llevaba y agregué poemas nuevos que venían como arroyos incontenibles y mucho más claros que en un inicio. Lo concluí en dos semanas, sin salir si quiera de casa… todo era una Extraña Sensación, me pasaban los días y las noches en un eco, absorta, como en una especie de luto. Recuerdo que lloré, lo hice todo ese tiempo, hasta que le puse el punto final.

Cuando concluí sentí que había quemado una gran parte de mi vida, fue como un volver a respirar…un aire nuevo. Retomé la vida, quité hábitos (muy malos, por cierto), me mudé de ciudad, me di la oportunidad de conocer gente nueva y apreciarla. Conecté más con mi cuerpo, con la persona que era en ese entonces.

-Diana, padeces la enfermedad de Lyme y es inevitable preguntarse ¿cómo crees que ha afectado esto a tu creación literaria?

Ha sido de alto impacto. Un día me encontraba trabajando 14 horas como encargada de una cocina y al día siguiente, había perdido la vista (literalmente)… unos meses después, el cuerpo se me colapsó en un manojo de convulsiones, hasta quedar casi como vegetal, postrada en una cama, sin poder si quiera hablar. Así que como puedes ver, la enfermedad ha sido una maestra, un giro de tuercas absoluto, un priorizar cosas…y perder otras tantas. Y a continuación un aislar de gente, que por miedo o flojera se fueron alejando. Dejé de escribir por más de un año, hasta que pude volver a hacerlo por propia mano. Muchas personas me decían que porque no le hacía como Borges… a lo que solo contestaba, porque no soy Borges –para no enzarzarme en cosas que no van a ningún lado, sobre todo si me estaba debatiendo entre la vida y la muerte…ni quien pensara en Borges [carcajada]), soy una mujer que necesita contacto con lo que pienso y siento, amo sentir el ritmo de las teclas en mis manos, en todo mi cuerpo, sumergirme en ese mundo que nada en la vida, más que las palabras, te lo da. Digamos que son procesos diferentes (carcajada)

-En poco tiempo vendrás ¿cómo se te presenta esta oportunidad?

¡Esperemos así sea! (Carcajada). Si es que alcanzo a viajar, se lo deberé eternamente a mi hermana-agente, Alma Reza, que no ha quitado el dedo del renglón conmigo desde que nací.

Así que estaremos presentando 2 proyectos, gracias al apoyo de mujeres hermosísimas, con gran talento y corazón, que nos han ayudado.

-¿En qué estás trabajando ahora?

Acabo de terminar un poemario, que he registrado con el nombre de “Mujer de Agua”. Y estoy comenzando otro…que no sé hacia donde me lleve. Tampoco he soltado la narrativa, solo que muy poca gente, hoy por hoy, sabe que no solo soy poeta [carcajada]

-¿Nos regalas una verso?

SI POR CADA ANGUSTIA

DEJARAS SOBRE LA ARENA

MI NOMBRE

Y LA HICIERAS COMPACTA

CON TUS LAGRIMAS DE REMORDIMIENTO

TE VENDERÍA MI ALMA

(EXTRACTO DEL POEMA “EXTRAÑA SENSACION”)

Muchas gracias, Diana

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