En el monasterio proscrito tras los pasos de Emma

Hace años tuve la fortuna, gracias al club de lectura de una biblioteca pública en Barcelona de leer la novela, “El monestir proscrit” (El monasterio proscrito) de Maria Carme Roca. Además fue doble suerte porque en la sesión del club vino la autora y me quedé cautivada no solo por la obra en sí y lo que disfruté leyéndola si no por conocer el proceso creativo por boca de ella misma.

Maria Carme es historiadora y en esta novela rescata el origen femenino del monasterio benedictino de Sant Joan de les Abadesses en Girona, del que en el siglo XI las monjas benedictinas fueron expulsadas por una bula papal.

La novela se desarrolla en el verano de 1010 cuando Amelia de Vilallonga ingresa en el monasterio. Una mujer que no tiene vocación religiosa pero que está escapando de un matrimonio impuesto. La realidad es que Amalia está enamorada de Guillem de Montmajor, que en ese momento está luchando en Córdoba junto al Conde de Borrell.

Este monasterio antes conocido como Sant Joan de Ripoll fue fundado en 887 por el conde Wifredo el Belloso quien puso a Emma, su hija, al frente de la comunidad benedictina.

Emma se rebeló como una excelente persona y gestora y resulta sorprendente el hecho del poder de actuación tan grande que tuvo para ser mujer en aquella época.

Las abadesas estuvieron en el lugar hasta 1017, cuando fueron expulsadas por una bula del Papa Benedicto VIII al ser acusadas de “desórdenes y de ser meretrices de Venus, y entre ellas, la abadesa Ingilberga, la más abominable de todas”, tal como recordó la autora de la novela.

En opinión de la autora lo que ocurrió es que la abadesa Ingilberga fue víctima de una conspiración misógina y de poder por parte de sus dos hermanastros, el Abad Oliba y Bernat, conde de Besalú. Cree que el Papa cometió una injusticia con Sant Joan porque los supuestos desordenes a los que hace referencia también se produjeron en monasterios masculinos como Sant Benet de Bages o Sant Climent de Codinet en la Seu d´Urgell en Lleida, y en el caso de estos últimos no tuvieron repercusión.

La autora comentó que cuando empezó a tener conocimiento de los hechos y a investigar se sintió fascinada por esta mujer, Emma y su papel relevante en la época. La novela describe que la mujer del siglo XI vive en una situación más libre que en el siglo XII y prueba de ello es que Ingilberga recibió, al ser expulsada, como indemnización todo el término municipal de Sant Quirze de Besora.

Patio central monasterio

Maria Carme comenta también que contrariamente de lo que les había pasado en siglos posteriores en manos de la Inquisición, las monjas en Sant Joan pudieron continuar sus vidas tras la expulsión de los monasterios femeninos, como en Sant Pere de les Puelles en Barcelona. Les fueron favorables las leyes godas para esta situación ya que eran más amables con lo femenino que de Derecho Romano, que volvió a imponerse en el siglo XII.

La novela está llena de detalles de la vida monástica, nos cuenta por ejemplo que “se lavaban más que el resto de la población, dos veces al año, por Pascua y por Navidad; hacían la colada cada sábado y la tendían en el claustro después de las vísperas y se recogían por la mañana; se lavaban las manos regularmente y cortaban las uñas una vez por semana”. 

El libro de momento está solo publicado en catalán por la editorial Columna y ojalá que encontrara editor en castellano porque es una novela magnífica. Tal y como la definió la propia autora es una novela de amor imposible, de ambiciones por el poder y de traiciones.

Hace apenas unas semanas estuve tras los pasos de Emma. Siempre tuve ganas de visitar el monasterio y ese deseo ha estado en mi mente durante años.

Quería caminar por donde Emma lo hizo y fue una sorpresa enorme cuando estuve allí porque todo se conserva tal cual.

En el patio central donde había una fuente estuve contemplándola y recordando esa historia que Maria Carme nos acerca con tanta pasión y dedicación en su novela.

La historia de una mujer, Emma, atípica que vivió en una libertad insólita y que tanto bien hizo por la región.

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