La Aceptación

Doy inicio a mis escrituras otorgándole a ésta palabra el valor que se merece. Parece muy sencillo y muy obvio que aceptar situaciones es algo muy liberador, sin embargo ¿por qué nos cuesta tanto interiorizar que “todo está bien” y que “lo que sucede conviene””?

Porque los toros desde la barrera se ven muy bien, quizás estés pensando.

Sí, como todo, una cosa es decirlo, dar el consejo y otra muy diferente es de verdad ponerla en práctica y conseguir hacer de ello un estilo de vida para conseguir acercarnos más a un estado de bienestar con el mundo y con nosotros mismos.

Un inciso, comparto aquí una frase de John Lennon:

“La vida es lo que te va pasando mientras tú decides hacer otros planes”

Piénsalo un minuto y continúa leyendo.

Ahora voy a explicarte algo que te ayudará a reflexionar sobre ello.

El colombiano Gerardo Schmedling construyó una interesante teoría en torno a este concepto al que llamó “Aceptología”. Según él cuando tenemos la necesidad de aceptar algo que no teníamos planeado, que a priori pensamos que no nos viene bien, solemos encontrar una gran resistencia a hacerlo. Y por ello queremos combatir el estado de las cosas, idear un plan B para salirnos con lo que esperábamos o teníamos planeado.  

Sin embargo, si somos capaces de liberarnos de esa resistencia nos liberamos de las limitaciones aprendidas pero para vencer esa resistencia necesitamos saber de dónde proviene.

Por eso conviene que la próxima vez que te encuentres ante una situación, por ejemplo, el despido en un trabajo, la separación de tu pareja, un amigo que ya no quiere verte, una mudanza de piso, un cambio de ciudad…algo que a priori ha sobrevenido y que tú no esperabas/buscabas y que por lo tanto no quieres aceptar hazte esta pregunta:

¿A qué me estoy me estoy resistiendo en realidad? ¿Qué puede haber detrás de mi negación de este hecho?

Con estas preguntas vamos a buscar llegar al corazón de la cuestión, a descubrir mediante el autoconocimiento para poder vencer la resistencia y cumplir lo que hemos venido a hacer aquí:

A ser felices, porque la vida es lo que te está pasando ahora.

Vamos a dar un paso más con esta palabra hablando ahora de Autoceptación.

Aquí hablamos de aceptarnos a nosotros mismos tal y como somos.

Si nos sucede algo como, por ejemplo, que se nos pone el cabello blanco, ante este hecho podemos hacer tres cosas: teñirlo para ocultarlo, preocuparnos o aceptarlo.

Si optas por la aceptación sencillamente no harás nada al respecto, decides respetar tu cuerpo y la naturaleza del envejecimiento. En este caso si viene alguien (que vendrá, seguro) y te dice que observa que se te está poniendo el pelo blanco simplemente le dices que sí, que lo sabes, que has decidido dejarlo así y no te preocupa este comentario para nada porque tú ya has decidido al respecto y tu aceptación no deja lugar a que pueda existir ni preocupación ni a que puedas ponerle la etiqueta “problema” a este hecho.

De lo que se trata con este ejemplo es de que veas la mecánica de la autoaceptación. No se trata de fingir que las cosas no te importan si no de apartar al ego de tus valoraciones internas que están centradas en las aprobaciones de los demás.

Lo conveniente es que siempre que decidas adoptar esta actitud seas honesto contigo mismo, ahí reside la clave del éxito para que puedas instaurarla y hacer de ello un estilo de vida.

Como ves se trata nada más que de cambiar tú percepción interna ya que como dijo Stephen Crane, escritor y periodista norteamericano:

Si cambias tu pensamiento

Cambian tus emociones

Si cambias tus emociones

Cambia tu actitud

Si cambias tu actitud

Cambias tu vida

Si cambias tu vida

Cambias tu destino

Y yo añado que para cambiar tu pensamiento puedes empezar por las palabras, por entenderlas, reflexionarlas, pensar en qué hay detrás de cada una de ellas, porque las palabras lo son todo.

Si te ha interesado este tema he grabado un Podcast que creo que te encantará, haz clic aquí para escucharlo.

Si quieres que hablemos sobre esto recuerda que la primera consulta de Coaching es gratuita, solo tienes que escribirme para agendarla.

Y estate atento a la palabra del mes que viene porque seguiré desgranando palabras contigo mes a mes.

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