Entrevista a Enzo Maqueira

Conocí a Enzo el pasado verano en Barcelona ya que ambos participamos en una charla en la librería Lata Peinada  en Barcelona sobre feminismo en literatura. Enzo nos habló de su libro “Hágase usted mismo” (Tusquets, Buenos Aires, 2018) y a partir de la lectura de la novela he querido hacerle algunas preguntas para compartir con vosotros.

Enzo es argentino y le hemos conocido en España por su novela “Electrónica” (Interzona, Buenos Aires, 2014), considerada la novela de una generación ya que retrata a la juventud de clase media argentina a inicios del siglo XIX, muy ligada a las fiestas rave.

Su última novela “ Hágase usted mismo” ha sido finalista en el Premio Silverio Cañada en la Semana Negra de Gijón en 2019 y trata de un hombre en su madurez que huye al sur, a la Patagonia, a la casa donde pasó sus veranos cuando era un niño. Se va con la idea de escribir un guión de una película pero como le asedia el pasado, este objetivo va quedando en segundo plano. El protagonista se enfrenta en la búsqueda de su felicidad a fantasmas del pasado mientras lucha por salir de la mediocridad.

-La novela comienza con la huida de un hombre y lo hace al pasado ¿es la infancia un buen lugar para tomar perspectiva?

No sé si para tomar perspectiva. Es posible, pero creo que él vuelve hacia el pasado como un lugar o un tiempo fundacional, y al intentarlo recuperar busca, a su vez, refundar los cimientos de su vida. La infancia es un período que percibimos muy extenso y nos presenta por delante un futuro idílico e interminable. Probablemente sea, sin embargo, la única etapa de nuestras vidas en la cual vivir el presente nos resulta más simple. Un lugar de presente continuo que fantasea con un futuro en donde todo es posible. El protagonista de Hágase usted mismo intenta regresar a ese tiempo y a ese estado de situación.  

-El hombre en busca de sentido es uno de los temas más interesantes en el panorama literario actual ¿por qué crees que nos está interesando tanto escribir y leer sobre ello?

Porque se cayeron los grandes tótems, las instituciones más sagradas, se pusieron en tela de juicio todos y cada uno de los valores a los que nos aferrábamos. Primero mataron a Dios, después al amor romántico, conceptos como “patria” ya no tienen el valor que tenían. Antes el sentido de la vida estaba en la religión, en la familia, en el matrimonio, en el amor, en la revolución, en la guerra, en sobrevivir… Todo eso fue cayendo. Por lo menos en nuestro mundo occidental, la vida es mucho más simple. No hay grandes amenazas o no somos conscientes de ellas. Mi abuelo escapó de la guerra cuando era niño, vino a la Argentina para sobrevivir. Mi papá tuvo la obligación de sobreponerse a la pobreza, trabajar para tener su propia casa, su auto, sus vacaciones en familia. Su vida no estaba en riesgo, pero sí la calidad que iba a tener. Después nos tocó a nosotros, los hijos de la clase media: no nos amenazan las guerras ni las dictaduras, nuestros padres formaron hogares donde nada falta, pero al mismo tiempo vimos cómo la idea del hogar perfecto también se derrumbó… ¿qué nos queda?

Sin patria para defender, sin vida que salvar, sin amores eternos en los cuales creer, estamos desesperados buscando una razón para estar vivos.

Y además hubo un mandato a nuestra generación: no teníamos excusas para ser felices. Y es cierto. No tuvimos grandes excusas. Pero fuimos incapaces de lograrlo. Así cayó el último bastión: que el sentido de la vida es alcanzar la felicidad. No lo es tampoco, o no parece realizable. En eso estamos.

-Hay un trasfondo de hacerse y rehacerse a uno mismo, en esa pérdida de identidad, de roles, que se encuentra el protagonista ¿reconoces a personas en tu vida cotidiana?

Todos los personajes y las historias que construyo están formadas con partes de mí, de mis afectos, de las personas que me rodean. Elijo algún aspecto de cada uno, lo exagero, uno los fragmentos que coinciden de alguna manera. Así se fue tejiendo la historia y sus protagonistas. Pero es un proceso mucho más intuitivo que racional. 

-¿Qué peligros crees que surgen de esta pérdida de sentido o propósito en la vida?

La apatía, la falta de compromiso, la ignorancia. Si la vida no tiene sentido, si no tiene un propósito, entonces ¿por qué preocuparse? “Seamos libres, que lo demás no importa nada”, dijo San Martín alguna vez. El problema es que la libertad, en una sociedad consumista como la nuestra, tecnologizada hasta el salvajismo e individualista, fácilmente puede llevarnos al egoísmo, la injusticia y la inacción.

Necesitamos ciudadanos activos, comprometidos con su tiempo, para hacerle frente a una avanzada descomunal de un sistema que nos usa como mano de obra esclava para pagarnos un modo de vida que el mismo sistema nos obliga a consumir.

A las injusticias sociales, la inequidad de género, el hambre y todas las injusticias que conoció el mundo hoy se le suman los problemas derivados del cambio climático. No podemos entregarnos al sinsentido. Estamos obligados a hacer algo por nosotros mismos, sino queremos volver a la mera supervivencia. 

-Tu protagonista huye con el propósito en mente  de escribir un guión para una película. Sin embargo parece que eso sea solo sea una excusa, algo postizo.

Tiene que ver con la procastinación, uno de los síntomas más notorios de nuestra época. Estamos convencidos de que tenemos que hacer algo con nuestras vidas, pero no sabemos muy bien qué. Elegimos algo (el arte funciona bien cuando todo lo demás ya perdió su sentido) y nos exigimos a alcanzar ciertos objetivos en relación a ese algo. En la novela escribir el guión de una película aparece como el camino de la salvación: ahí estaría la felicidad, en la posibilidad de convertirse en artista. Falló el amor, falló la profesión y la posición económica, queda el arte. La certeza de que a través del arte es posible alcanzar la felicidad. Pero es una certeza prefabricada, en la que el protagonista intenta encajar de alguna forma. No es propio de su deseo. Nunca lo fue. No fluye. Por eso procastina. Y nos pasa lo mismo todo el tiempo: nos exigimos a alcanzar ciertos objetivos que creemos propios, pero que son imposiciones de época; no los alcanzamos porque nos son ajenos, pero de todas maneras nos produce frustración.

-En el pueblo del sur, en la Patagonia, donde se refugia, aparecen fantasmas como el de su exnovia y su abuelo con los que intenta desesperadamente “hacer las paces” ¿es necesario llegar a perdonar para poder seguir avanzando?

No sé si se trata de perdonar en un sentido judeocristiano. Creo que se asocia más a reconocer el pasado, procesarlo, dejar que en ese ejercicio de introspección se resuelva aquello que no pudo resolverse. Este hombre vuelve a la casa de los abuelos donde pasó los veranos de su infancia, experimenta la ausencia, palpa las señales del paso del tiempo. Pero a cada paso que da encuentra una razón para conectar con su pasado. No busca perdonar, sino volver al punto de partida. Reiniciar su vida. Volver a hacerse. Pretende cumplir así la fantasía de empezar de nuevo, pero con la supuesta sabiduría que otorga la madurez.  

-El protagonista tiene una lucha por salir de la mediocridad, como muchas personas, lo intentan como una forma de superación sin embargo si no se consigue luego ¿qué queda?

Nunca se consigue, porque incluso cuando uno sale de la mediocridad, si se vuelve hábito automáticamente pasa a ser percibido como mediocridad otra vez. Es imposible escapar de eso. Es una lucha inútil. Cualquier vida, por emocionante que sea, tiene un desequilibrio hacia el lado de la medianía, de lo común, de lo fácilmente esperable. Entonces, se consiga algún resultado o no, “allá en el fondo está la muerte”, como escribió Cortázar, y la muerte es lo más mediocre del mundo, tanto como la vida.

-Algunos elementos en la narración parecen tener una simbología más allá de objeto como la pistola del abuelo.

La pistola es un elemento de dominación, un símbolo de valentía, de rudeza, de hombría. Es la representación (por supuesto que fálica) de aquello en lo que se centra Hágase usted mismo: la rebelión ante cierta manera de ser hombre, el replanteo acerca de los mandatos de masculinidad.

Esa pistola está ahí para recordarle al protagonista que debe ser un macho. Así como el perro le devuelve todo el tiempo su condición de cobarde. 

-El perro entra como un objeto inquietante, quizás su pasado, su subconsciente que el asedia ¿cómo surgió la idea de introducir a este elemento en el juego?

En cualquier pueblo olvidado de la Patagonia hay perros igual de olvidados. Por un lado, representa la soledad, el desasosiego, la intemperie. Por otro lado, es quien concentra la mayor dosis de temores del protagonista, que es un hombre muy temeroso en general. No creo que se trate tanto de su subconsciente sino de su cuerpo. De cómo su cuerpo rechaza la presencia del perro. Hay algo visceral en su miedo a ese animal. Podría funcionar un poco como el cuervo de Poe; aunque en este caso no se presenta la fuerza del lenguaje, hay un “nunca más” implícito. Nunca más será el niño que fue en aquellos veranos con su abuelo, nunca más será el hombre que fue hasta ahora; nunca más se entregará a la relación conflictiva de la cual logró escapar.

-El libro hace reflexionar sobre la desesperada búsqueda de la felicidad  ¿es ese un objetivo realista?

Buscar la felicidad es realista. Encontrarla es utópico.

Se pueden encontrar momentos de felicidad, es cierto, pero en cuanto uno toma conciencia de eso, la felicidad desaparece. Entendemos la felicidad o el amor como conceptos infinitos, eternos y totalizantes, pero no lo son. Hay ciertos grados de felicidad, ciertos espacios, ciertos tiempos; igual que hay momentos o estados de amor. El error es creerlos infalibles. Es realista buscar la felicidad, pedalear hacia ella como si lo hiciéramos hacia el horizonte. Nunca vamos a llegar a destino, pero el viaje debe ser hermoso.

-¿Cuándo veremos el libro en España?

Mi novela anterior, Electrónica, tardó casi cinco años en llegar a España. Espero que Hágase usted mismo tenga por lo menos la misma suerte. Cualquier excusa es buena para volver a cruzar el Atlántico y comer otra vez esos jamones de ensueño.

Gracias, Enzo.

Gracias a vos, Sonia!!! Beso enorme. 

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