Almudena Sánchez y La acústica de los iglús

Almudena, foto de Mario Sánchez

Conocí a Almudena con motivo de la presentación de mi novela Entresuelo izquierda en Septiembre de 2018 en Tipos Infames. Ya había leído sobre su libro relatos La acústica de los iglús (Caballo de Troya, 2016) pero como mi lista de libros por leer es tan larga aun lo tenía pendiente, así que fue la ocasión ideal para llevármelo de Tipos Infames, en Malasaña, ese barrio tan bohemio, que nos unió.

Pocos días más tarde ya de vuelta a mi ciudad y mi rutina empecé a leerlo y desde el primero de esos diez relatos me di cuenta de que una voz particular se extendía por ellos, y que es una de esas voces que cuentan cosas desde la pregunta, desde la extrañeza en la que todos los humanos nos vemos atrapados a diario. Es una voz bella y a la vez inasible.

En estos relatos la autora nos lleva de paseo con temas como la muerte, la soledad, la sexualidad, lo absurdo, la feminidad…los temas que por más vueltas que les demos nos siguen intrigando ¿no te parece?

Almudena crea algunos espacios que parecen estar en la frontera con otro mundo más inconsciente, casi onírico y utiliza un recurso que enriquece las narraciones de manera exponencial bajo mi punto de vista, la música, que está presente en forma de referencia en sus narraciones.


-Almudena la publicación de este libro ¿te pilló por sorpresa? Y ¿supongo que éxito tras tantas ediciones también?

Quería publicar sólo en el momento en que tuviera acabado un buen libro. Considero que cuando junté los relatos de La acústica de los iglús había algo en ese, llamémosle, compendio, que despertaba (ya en mí desde fuera de la obra, como crítica de mí misma,  y en los lectores que les dejé el manuscrito)  emoción al leerlo. Es lo que buscaba; que esa voz delirante que trabajo y que soy yo, en cierta medida, conmoviera e hiciera pensar y desorientarse y perder la compostura y reír también a los que lo fueran a leer. Un poco de esos sentimientos mezclados. Si no, no hubiera publicado. Nunca lo haré si no estoy convencida. Además, tengo amig@s muy sinceros que me dirían que esos 200 folios quedarían mejor en la basura que impresos. Y en realidad, no pasa nada. Se vuelve a empezar y ya está.

Lo del éxito del libro lo comprendo a medias. Es decir, ¡me encanta!, pero cuántos libros merecen ocho ediciones igual o más que el mío. Cuánto más leo, más admiro. He leído tantas obras buenas este año, que no sé qué decir. Gracias a los que me leéis, gracias de verdad.

-¿Eres una de esas personas que siempre tuvo clara su vocación?

La tuve clarísima y me duele un poco porque esperé y esperé en Mallorca hasta poder apuntarme a un curso de escritura en Madrid a los 23 años. Creo que esa espera me hirió pero me hizo ser una mujer deseante hasta los topes. Desde bien pequeña (no sé, 6 o 7 años) me derretía porque me regalaran un libro y pensaba: qué feliz sería si pudiera dedicarme a hacer lo que hace esta escritora; Enid Blyton, por ejemplo, qué feliz.

-Si no fueras escritora ¿qué harías?

Siempre he aguantado mucho tiempo bajo el agua y me hubiera gustado dedicarme a bucear. Y a nadar.

-¿Cuáles fueron tus referentes literarios? Esos que te ayudaron a formarte como autora.

Cuando leí La metamorfosis de Kafka aprendí que se puede escribir de cualquier cosa aunque suene disparatado. De un hombre que se convierte en un escarabajo. Y funciona.

De Rilke aprendí (todavía aprendo) el amor auténtico por la escritura: “Pregúntese en la hora mas callada de la noche: ¿debo escribir?. Busque en lo mas profundo de sí mismo la respuesta. Y si esta es afirmativa, si enfrenta esta grave pregunta con un seguro y sencillo “debo”, siendo así, edifique su vida conforme a tal necesidad”.

De Clarice Lispector me asombra la naturalidad con la que expresa las sensaciones. La literatura le brota del cuerpo.

De Eloy Tizón la música y la desobediencia.

De María Zambrano la mezcla, la inteligencia, la filosofía del lenguaje.

De Joy Williams la frescura y las vueltas que da la vida.

De Chéjov, la humanidad.

De Tsvetáieva, el desorden doloroso.

-¿Cómo han ido evolucionando estos referentes?

Todos los que he citado, siguen en mí. Pero ahora, además, leo con pasión a: Andrés Neuman, Berta García Faet, Elena Medel, María Sánchez, Deborah Levy, Daniel Monedero, Elvira Navarro, Lola Nieto, Rosario Ferré, Rosa Moncayo, Alejandro Morellón, Felisberto Hernández, Virginia Woolf, Sara Mesa, Alba Sabina Pérez y un largo etcétera. Podría seguir citando hasta el atardecer.

-¿Qué tipo de literatura es la que te interesa?

La que habla del corazón humano, me hace pensar y sentir un pellizco de dolor y de belleza.

-¿Qué lugar ocupa la literatura en tu vida?

Es la protagonista junto a mi pareja, mi gato, tres niñas favoritas, los paseos y las tardes de cine.

-Almudena eres de Mallorca, ahora vives en Madrid ¿crees que los lugares donde vivimos influyen en lo que escribimos y cómo escribimos?

Totalmente. He vivido en un lugar aislado, poco amigable y de una humedad extrema. He crecido rodeada de insectos y de árboles. Eso lo llevo pegado.

-Y la música que escuchamos ¿cómo modela nuestros días, o experiencias?

Mis padres ponían música en el coche y a mí me encantaban las letras y el ritmo. Ponían Mocedades, Mecano, Serrat, The Beatles y esas cosas. Yo miraba el paisaje a través de la ventanilla e interiorizaba las composiciones. Me emocionaba. A veces, me pongo una canción de Nick Cave o de Leonard Cohen antes de empezar a escribir, para situarme en lo que es (o debería ser) el arte y tomar conciencia.

-¿En qué proyectos estás trabajando?

En una autobiografía de la enfermedad.

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