Wilde Oscar Wilde

Cuando fui al barrio donde está la casa donde nació y residió Wilde en Dublín entendí un poco mejor de dónde venía este dandy atrevido y “salvaje”. Su casa está en el 1 de Merrion Square, una de las plazas del barrio estilo georgiano, en que todas las casas sin excepción tienen una presencia imponente y preciosa.

Tengo que confesar que me imaginé a Wilde bajando los escalones en diferentes etapas de su vida: cuando fue niño y debía acudir al colegio, cuando posteriormente, salía de casa para ir al Trinity College o cuando iba en busca de correrías, ya que, todos sabemos, que era amante el vino y la compañía interesante y estrafalaria.

Hijo de un cirujano y una escritora, su infancia en el seno de esta familia acomodada fue tranquila, y sin sobresaltos pero él siempre fue inquieto y de una inteligencia muy aguda. De hecho, en su época universitaria ya escribía poemas, artículos y combinó sus estudios con sus viajes a Italia y Grecia.

Algo que me gusta mucho de él es que editó durante 1887 y hasta 1889 la revista femenina Women´s World ¿no te parece que esto dice mucho de él? Me imagino cómo debía de ser esa revista en la época, cual debía de ser su contenido.

El Oscar que es más conocido lo es sobre todo por su genio punzante, sus frases lapidarias y cargadas de inteligencia que podemos encontrar en cualquiera de sus obras.

Hace años leí “El retrato de Dorian Grey”, su obra más popular, y me gustó mucho y, más recientemente, me atreví con otra, algo más desconocida, es una pieza de teatro “Un marido ideal” que nos deja momentos como este:

¡Oh! Yo amo la sociedad de Londres. Opino que ha mejorado inmensamente, Ahora está compuesta enteramente de bellos idiotas y ocurrentes lunáticos. Exactamente como debe ser una sociedad!

Fragmento “Un marido ideal”

También es famoso el episodio triste de su vida que además, en el momento, supuso una vergüenza para su familia, ya que, en 1895 fue condenado a dos años de cárcel y trabajos forzados debido a acusaciones de homosexualidad por una campaña de difamación orquestada por el marqués de Queenberry. Parece que sus popularidad, igual que sucede ahora, fue mal digerida por algunas personas, una lástima.

Aunque hubo peticiones de clemencia y presiones de algunos sectores más progresistas, sin embargo, Wilde tuvo que cumplir entera su condena y esto supuso la pérdida de todo lo que había ganado durante sus años buenos. Él en cambio, supo sacar algo bueno de esta mala pasada del destino y escribió en prisión su famosa “Balada de la prisión de Reading”, lo cual demuestra su fortaleza de carácter.

Pero jamás vi a nadie que mirara el día
con igual ansiedad.
Jamás vi a nadie que mirara
con ojos tan ansiosos
la pequeña tienda azul
que los presos llaman cielo,
y a cada nube fugitiva
que cruzaba con velamen de plata.

Fragmento de La balada de la prisón de Reading

Una vez que recobró su libertad se cambió el nombre por Sebastian Melmoth y emigró a París, donde permaneció hasta su muerte. Sus últimos años fueron algo decadentes ya que tenía poco dinero, afición a la bebida y mala salud.

Algo curioso es que durante estos años se acercó al catolicismo.

Sin duda, la estatua dedicada a él justo en frente de la que fue su casa natal, sorprende y es un perfecto tributo ya que, como ves en la foto, está hecha en piedras de varios colores intentando reflejar su forma de ser extravagante. Además, si te fijas en su expresión está a medio camino entre la burla y lo triste, quizás tal y como fue su vida.

Se puede ver al lado la escultura de una mujer que yo en el momento de estar allí o no sabía quién era. Se trata de Constance Lloyd, su mujer, a la que representan embarazada y con cierta mirada de reproche hacia él.

Lo cierto que es Constance nunca entendió ni supo cómo encajar el ingreso en prisión y las acusaciones vertidas sobre su marido. Ya tenían dos hijos en común, Ciryl y Vyvyan y cuando esto sucedió el matrimonio no estaba en buenos términos, e incluso Oscar había llevado a su casa a Lord Alfred Douglas, su amante. Ella se sintió consternada por todo lo sucedido y , aunque nunca se divorciaron, ella le obligó en una visita a la prisión a renunciar a su paternidad y, luego, cambió su apellido y el de sus hijos al de Holland para mantenerse al margen del escándalo.

Ahora vamos con el amante de Wilde. Sentí curiosidad por quien habría sido en realidad este hombre, sin duda, alguien que estimulase su intelecto conociendo al agudo Oscar. Pues resulta que Lord Alfred Douglas, al que podéis ver en la foto con él, era un joven de origen noble escocés, escritor, poeta e hijo del marqués de Queensberry, sí, el mismo que al descubrir el idilio de su hijo con Oscar denunció públicamente a Wilde. Por lo visto, la confrontación se fue haciendo más agresiva y tal como cuenta el propio Wilde en “De profundisfue el mismo Douglas quien lo animó a enfrentarse con su padre, sin duda, un mal consejo, porque sufrieron ambos pero especialmente Wilde quien, como ya sabéis fue a prisión.

Cuando salió de prisión ambos se fueron a visir juntos primero a Nápoles y luego a Paris, sin embargo Wilde murió en soledad.

Si te interesa profundizar un poco más en esta relación hay un novelista español que ha llevado al papel esta historia : Luis Antonio Villena y el libro se titula “ El charlatán crepuscular”.

Si te ha gustado seguro que te encanta leer mi entrada sobre Yeats, poemas irlandeses y ocultismo.

(Visited 2 times, 1 visits today)

Leave A Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *