Fobos tiene la culpa

El año pasado hice una publicación en grupo de la que me siento muy orgullosa. Se trata del libro de relatos “Mejor no te cuento“ en el que contribuí con una de las 6 historias sobre tabúes y el mío era sobre el arrepentimiento por haber sido madre.

Y ahora, junto con el Grupo Bojador, al que pertenezco ha seguido trabajando duro y hemos conseguido sacar a la luz este segundo volumen, de lo que pretende ser una trilogía. En este caso lo hemos subtitulado “Fobos tiene la culpa” y se compone de 6 relatos sobre fobias.

Los que me conocéis sabéis que me interesan especialmente los temas psicológicos; los que me hacen pensar porqué actuamos de un modo u otro, pues bien, escribir este relato me ha permitido hacer un trabajo muy introspectivo y ahora verás porqué.

He escrito sobre el miedo a los perros o cinofobia que yo misma padezco. En mi caso al vivir en la ciudad puedo evitar coincidir con perros sin mucha dificultad pero cuando voy a un ambiente rural, o a una casa de campo siempre pregunto antes que nada si tienen perro porque si tienen yo no puedo estar.

No sé exactamente de dónde proviene este miedo pero mi madre siempre dice que cuando estaba empezando a caminar en un parque un perro grande me tiró al suelo, seguramente con la intención de jugar. Yo, la verdad, que no lo recuerdo pero lo cierto que siempre me han dado miedo.

Con el paso el tiempo he logrado controlar algo mis reacciones en el sentido de que de pequeña prefería cruzar de acera si veía un perro que venía de frente y ahora, en cambio, si veo que viene atado me retiro y no pasa nada; ya no me pongo tan nerviosa, en determinadas situaciones que veo “controladas”.

Sin embargo, mi peor pesadilla sigue siendo que un perro suelto a su libre albedrío se dirija hacia mí.

En esa situación mi corazón se pone a mil, sudo, me aterro, simplemente. Por eso trato de “evitar”: mi mejor recurso ante los perros. Ya sé que no es una solución pero así lo voy sobrellevando.

Con este panorama imaginaos mi cabeza cuando decido escribir sobre fobias. Inmediatamente pensé en la mía. Luego me dije que era demasiado personal para escribir sobre ello. Y, después de darle varias vueltas, llegué a la conclusión de que era lo mejor que podía hacer, escribir sobre algo que conozco bien, pero no desde mi punto de vista “miedoso”, no, me lo hice algo más difícil y

he realizado un ejercicio de empatía al contarlo desde el punto de vista de un enamorado de los perros que inicia una relación con una mujer que padece cinofobia.

Ponerme en su lugar ha sido divertido y he aprendido y comprendido el amor que siente un dueño por su perro pero también he pretendido una algo más: que los amantes de los perros se pongan en el lugar de las personas que les tenemos miedo porque una fobia es un miedo irracional, sí, pero no lo podemos controlar ni es una tontería.

Fobias, sí, porque todos tenemos alguna ¿cuál es la tuya?

Si quiere saber más sobre el anterior libro de tabúes haz clic aquí.

Mientras, nosotros esperábamos jugando, yo zarandeaba la cabeza de Popeye, eso le encantaba, luego le tiraba cosas y él iba a buscarlas, y venía a toda carrera. En un momento que la miré Loreto tenía la cara blanca y parecía que se estaba metiendo hacia dentro, no nos quitaba los ojos de encima.No sé si nos miraba con miedo o con asco.

Fragmento de Terapia de choque

Si queréis comprar el libro está disponible en La Casa dels Contes de Gràcia y en la Librería Papelería DOMU, Barcelona.

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