Loopoesía es amor

Jordi Corominas es periodista, crítico literario y fundador del proyecto Loopesía del que hoy quiero hablar.
Este proyecto multidisciplinario me parece tan especial por que combina la poesía, escrita y recitada por Jordi, la música y la imagen. Todo conforma una performance muy bien escogida y tramada por él.

Loopoesía es amor y Jordi Corominas ama la poesía” y todas las manifestaciones del arte; quizás por eso hace ya 8 años que decidió iniciar este proyecto que le ha llevado a muchas ciudades españolas e incluso a Munich con su performance. Si ha llegado a hacer más de 100 shows y a rodar tanto por algo será.

Jordi Corominas
Jordi Corominas

Le he hecho unas preguntas a Jordi, a quien tengo mucho cariño y admiro desde hace años, para intentar entender mejor en qué ha consistido este proyecto así como su claves ocultas, si es que él quiere contarlas…

-Jordi, pregunta obligada, ¿porqué Loopoesía es amor?

“Loopoesía es amor” salió como frase conclusiva de los shows y fue un poco de casualidad. Durante la primera etapa del proyecto, entre 2009 y 2010, antes de cada recital dábamos un papel con un poema oración. Lo leíamos con el público en plan ceremonia y la expresión ya estaba. Recuerdo que salió un poco por el influjo que The Beatles tuvieron al inicio de todo. Eran omnipresentes y queríamos su energía, de hecho la tuvimos o la tengo, ya no lo sé. Luego Loopoesía es amor alcanzó otros significados, más de dar todo lo que ofrecíamos tanto en el texto como en el escenario, desde los versos hasta lo complicado que era montar una perfo con proyecciones, música mezclada, recitado en directo, escenografía, versos y armonizarlo todo. Pasados los años creo que todo el conjunto, su dificultad, se valora poco, pero estamos en una época de desidia, así que por ahora no me preocupa.

 

-¿De dónde sale este título dado al proyecto, Loopoesía?

El nombre del proyecto surgió de un miedo fundacional a la SGAE, esa amiga de los niños. Como queríamos mezclar música con versos y no éramos tan virtuosos como para generar una banda sonora de nuestra composición tuvimos que aceptar la necesidad de usar cortes breves, casi bucles. De ahí lo de Loop, que unido a la poesía genera el nombre completo, que muchos aún no pronuncian bien. Lupoesía, esa es la transcripción fonética. He reído mucho con eso.

-¿De dónde surgió la idea y cuál era tu pretensión al principio?

En verano de 2008 tuve un paseo bastante psicodélico por un pueblo de la Catalunya profunda. Al cabo de dos días me salió un poema río que lo describía. Se tituló Las nocheviejas del patriarca y durante meses pensé que merecía música. Una noche, concretamente un jueves, porque íbamos al Fantástico los jueves, hablé con Neill Higgins y aceptó el reto, pero claro, no podíamos ponerlo en plan chill out. De repente, sin comerlo ni beberlo, se nos fue la cabeza e imaginamos máscaras, pseudónimos, yo era Jean Martin du Bruit y él el Anónimo toledano, tirar gominolas al público, que sonara la mezcla y yo hiciera escritura automática en directo y varios delirios más, como decapitar a una muñeca fascista en el escenario mientras gritaba, fue una estación memorable, yo soy Isabel la Católica y Carmen, la poesía. Así salimos al escenario el 14 de marzo de 2009, en La Cova de les Cultures. La verdad que no sé qué quería al principio, seguramente rock and roll, pero al cabo de unos shows entendí que el proyecto era perfecto para desacralizar la poesía y acercarla a un público mucho más amplio sin solemnidad ni tonterías al uso.

-¿Cómo se fue desarrollando el proyecto a la par que tu también evolucionabas?

La evolución fue natural porque nunca repetí el mismo show, aún con una pauta cada uno era distinto al otro. Al terminar, una vez pasado el chute brutal de adrenalina, aplicaba una autocrítica salvaje y de ahí nacían las mejoras. Los dos primeros años, sin duda los más dadaístas, las mejoras eran cotidianas mediante pequeñas variaciones. A posteriori todo fue mucho más pensado y milimetrado, pero eso lo alcancé primero con Laura y luego en soledad, cuando el proyecto pudo afianzarse a lo bestia porque, como Madame Bovary, ya era yo y nada más.

Loopoesía c’est moi, y en el estado más puro, un desnudarse sin problemas, una libertad que no creo que muchos hayan alcanzado.

-Has tenido algunos colaboradores que te han ayudado. Esas colaboraciones ¿han sido espontaneas, buscadas, necesarias?

Pues vamos a enumerar esas colaboraciones. De marzo de 2009 a julio de 2010 Loopoesía fuimos Neill y servidor, él en la música y yo en lo demás. En agosto de 2009 entró Anna Sissons, aka Bettina Diamond, que duró hasta diciembre, cuando entró Laura, aka Lola Farigola, en el show del Heliogàbal para ejercer de bailarina oficial, lo que duró hasta septiembre de 2011. Ambos nos compenetramos a la perfección y añadimos más rigor al humor que siempre tuvieron los recitales. Trabajamos mano a mano y así surgió la misa loopoética de noviembre de 2010, el domingo en que Ratzinger vino a consagrar la Sagrada Familia como Basílica. No hay vídeos de ese día y espero que dentro de muchos años aparezca uno porque fue una jornada apoteósica en la que también colaboraron más bailarinas, Giuli, y hasta una monja terrorista, Rakel.

Más tarde, creo que en 2012, monté otro quilombo en colaboración. La sacra ceremonia votiva, una idea de Cristina Fallarás, o más bien un acicate para que me inventara una locura en el Freedonia con mezclas musicales, desde que se fue Neill aprendí a hacerlas y me lo pasé en grande, proyecciones y un discurso espontáneo de sacerdote del salvaje Oeste. Ahí colaboraron Josele Sanguesa con la guitarra y otras personas en plan querubines. Creo que no tuve más colaboraciones, bien sí, con Gonzalo Escarpa, pero fuera del proyecto, algo loquísimo en la piscifactoría de Madrid, un momento de esos en que se alinean los astros.

-Podríamos decir que tus recitales en realidad son performances ¿cómo te diste cuenta de que esta era la mejor manera de conectar con el público?

No me di cuenta, surgió y aun así no tengo claro si el público, o la mayoría, está preparado para las mismas. A medida que avanzaba el proyecto fueron haciéndose más complejas y pese a que todo iba al milímetro considero que los últimos años fueron muy experimentales, lo que generaba una extraña mezcla con los versos, muy exigentes desde otro sentido por mi obsesión por una poesía de ideas y un léxico limpio, casi sin repetir palabras.

Por otra parte, eso ya es a nivel personal, sí que considero que es el mejor modo, pero también puede ser que Loopoesía rebasara el ámbito de la poesía y fuera más allá. No puede ser, de hecho estoy convencido de ello.

-¿Por qué tú has “amado” tanto a este proyecto?¿Qué te ha aportado, qué has aprendido de Loopoesía?

Estar con un proyecto tan bestia durante ocho años es imposible sin amor. A veces me dijeron, pero es que llevas mucho con esto. Reía. En el mundo actual esos ocho años equivalen a décadas, por eso debe también debe cambiarse la Constitución. Eso me lleva a las leyes, que es otra forma de amor en el caso del proyecto.

La única ley de Loopoesía era no tener ningún tipo de límites y lo he cumplido a rajatabla salvo en lo técnico, que por presupuesto no ha ido más allá, de otro modo hubiera introducido coros, hologramas y otras historias que rondaron por mi cabeza.

He aprendido mucho, primero a conocerme, a ser más autocritico y por tanto exigente, a mejorar ideas y trabajarlas, a dejarme llevar en todos los sentidos, a sentir la libertad en un escenario, la emoción en la escritura de los versos, pensados durante nueve meses para ser escritos en plan exhalación, la exaltación del montaje, la magia del público, la joya de poder cruzar fronteras con mis ideas, la posibilidad de ir mano a mano con un editor que es mi amigo,las fiestas posteriores, míticas, y muchas cosas más. Ha sido algo increíble, no lo cambiaría por nada.

-Después de 8 años hace poquito que has hecho el “último show”, ¿será definitiva esta clausura?

A nivel de Loopoesía sí, sin duda. El último show fue en Múnich, el 30 de septiembre de 2017. Me gustó terminar lejos de casa, con un público virgen que vino entregado y con ganas de disfrutar. La decisión estaba meditada desde 2014, cuando entendí que no podía pasarme la vida con el proyecto. Han sido más de ciento veinte shows y cada año he renovado versos, puesta en escena, proyecciones y música. Es mucho esfuerzo y tengo muchas cosas por hacer. Además, y eso es objetivo, desde 2014 tenía la sensación que podía terminar y ya había logrado lo que quería, pero con los tres últimos poemarios se completó el círculo, el poso se hizo más fuerte con Laocoonte, Mecánica de la Sombra y La risa extinta. Yo dejo Loopoesía, pero no creo que esta se vaya. Es una clausura definitiva de ese nombre, pero aún debo montar una perfo con un poema de Cocteau, otro inspirador decisivo, y poco a poco hilvano ideas para un poemario muy ambicioso para el que me tomaré un buen tiempo. No hay prisa alguna.

-¿Qué motivos has tenido para decidir cerrar esta etapa?

No existió un cansancio real, pero en la última época los viajes de gira eran más cortos y es eso, si junto todos los versos de Loopoesía configuran un libro que navega del inicio de la crisis a su salida, casi como si el proyecto hubiera cumplido con el ciclo histórico pese a estar escrito sin vocación de inmediatez, para eso ya están las redes sociales.

Durante estos años me ha desesperado ver que no han salido otras propuestas arriesgadas y sí mucho postureo de cuatro días.

Más allá de esto no es bueno eternizarse y tengo muchas más cosas en la cabeza, aunque ahora echo mucho de menos el escenario.

-¿Hacia dónde quieres ir como creador?

No sé si eso se decide. Desde siempre he compaginado múltiples facetas, por ejemplo, desde mi perspectiva la radio también es crear, y mucho. Ahora mismo tengo varios proyectos en prosa, una novela y un libro de paseos pendientes de aceptación, y una serie de ideas apuntadas en un papel para el futuro, básicamente libros, pero es eso, el otro día paseaba por el Clot y entendí que necesito el rock and roll, así que en breve la liaré en las tablas, no me cabe duda. Asimismo, es importante pensar que seguramente me enmarque en una tradición poliédrica mal vista, como si hacer más de una cosa fuera una herejía.

Todo radica en ser uno mismo, no ponerse trabas y escribir lo que uno desee sin acatar la sobredosis de tendencia en la que vivimos inmersos.

-¿Qué le dirías a alguien que todavía no ama la poesía para que caiga en sus redes?

Con el paso del tiempo, y te soy muy sincero, creo haber entendido que me gusta leer y escribir poesía, pero no todo aquello que la rodea.

Les diría a las personas que lean mucho, con ganas de disfrutar e interiorizar los versos, que cuajen las palabras y vuelen con ellas.

Todo lo demás, el entorno poético, no va conmigo, no me interesa en absoluto.

Si queréis saber más podéis ver esta entrevista que le hizo Daniel Ramos Autó editor de Versos y Reversos, haz clic aquí.

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