Mujeres que se visten de hombre

Traje chaqueta azul marino o  gris marengo, camisa blanca, botines, zapato plano, medio tacón y el pelo corto o recogido en una coleta, escaso o nulo maquillaje y las uñas, como mucho, una capa de brillo ¿ por qué las mujeres nos vestimos como hombres en determinados ambientes laborales?

 

Durante años he observado este patrón en el vestir de las mujeres que quieren apostar alto en el mundo de la empresa, con esto me refiero a ascender en mundos donde aún dominan los hombres, nos guste o no.

A estas alturas tengo claro que una mujer siempre tiene que hacer unos cuantos esfuerzos más que un hombre para llegar al mismo sitio y créeme ellas, las que apuntan alto, lo saben, así que intentar parecerte lo máximo posible al grupo al que quieres pertenecer es una buena estrategia. En general, sí, lo es, sin duda ellas saben, de manera inconsciente, que esto les acerca más a que sus colegas masculinos les acepten mejor o mas rápido.

Estoy de acuerdo si una mujer se siente cómoda con ello pero, en mi opinión, la pérdida real viene por la mutación del comportamiento, ya que, estas mujeres suelen tratar de imitar modelos comportamentales que, hasta ahora están más cercanos a los roles que consideramos masculinos que a los femeninos. Entonces,

 

¿no nos estaremos perdiendo algo muy valioso cuando esta mujer llegue a ese puesto de liderazgo?

 

Vamos un poquito hacia atrás en la historia reciente y se me viene a la cabeza Marlene Dietrich. La actriz jugaba a menudo con la estética masculina rompiendo así todos los tabúes ¿Por qué lo hacía?

Marlene Dietrich
Marlene Dietrich

 

“Me visto para la imagen. No para mí, no para el público, no por la moda, no para los hombres” declaraba la actriz Marlene Dietrich en una entrevista en 1960 al diario The Observer.

Se considera a Marlene una figura pionera en la liberación de los roles sexuales y lo fue, sin duda. Pensemos que para el público estadounidense de 1930 la bisexualidad y la androginia eran una gran revolución.

Además, pretendió ser ejemplo de la liberación femenina y yo pienso que, el vestirse de hombre, era el vehículo que la catapultó hacia ello, como la mejor de sus herramientas. Qué más da como lo hiciera, resulta sorprendente en aquellos años que tuviera la valentía de intentarlo, y aún, más recientemente, tenemos ejemplos en Madonna o Beyoncé, por ejemplo, que siguen utilizando el “truco de la inversión de los géneros y la sexualidad”.

Hablando de libros, que es lo que más me interesa,  tenemos un buen ejemplo  para la reflexión en la novela Orlando de Virginia Woolf. Esta es la biografía ficticia de un caballero nacido en el siglo XVI y que vivió hasta 1928. La historia de Orlando es apasionante por varios motivos: vive una historia de amor con la rusa Sasha, le dan un importante cargo como embajador de Constantinopla, cambia de sexo sin explicación, convive con los gitanos, y cuando vuelve a Londres lo hace ya como mujer, y se casará con un marino e incluso se codeará con figuras destacadas en el mundo de la literatura. De esto último era Virginia una gran conocedora

 

ya que se enfrentaba a diario a las dificultades que una escritora debía de tener en un mundo predominantemente masculino.

 

Virginia Woolf
Virginia Woolf

 

La novela está llena de pequeñas claves ya que, para empezar, Orlando es, en realidad, Vita Sackville-West que fue una escritora y amante de Virginia durante años; Sasha, la bella rusa, fue Violet Trefusis, amante de Vita…

Es una novela interesantísima porque en ella aborda tres temas considerados tabúes: la homosexualidad, la sexualidad femenina y cómo se acoge a la mujer en una sociedad de literatos. El personaje de Orlando al cambiar de sexo se enfrenta a un menosprecio cuando es mujer y con ello la autora pretende hacer una crítrica sobre lo ridículo de asumir los géneros lo cual fue muy rompedor en la época.

A finales del año pasado todos vimos como Hilary Clinton hacía del traje pantalón su mayor aliado. Y, claro está, que esto se convirtió en tendencia y se creó el grupo #pantsuitnation  con más de 3 millones de seguidoras en su honor y que ha derivado en un grupo activista que defiende la igualdad de las mujeres.

 

Hilary Clinton
Hilary Clinton

 

Esto traducido al entorno laboral que nos queda más cercano hace que el traje pantalón en mujeres se entienda como muestra el de empoderamiento femenino y de la ruptura de género. Sin embargo, tengo mis dudas y me pregunto si bajo esta apariencia de empoderamiento en realidad lo que estamos haciendo es camuflarnos y buscar aceptación algo así como decirle al mundo ” eh, fíjate ya visto como un hombre”.

¿Por qué digo esto?

Volviendo a estas mujeres que ahora deciden vestir como hombres, pienso que en realidad, no hemos avanzado mucho si aun nos damos cuenta de que debemos hacerlo para “camuflarnos”.

El peligro, en mi opinión, está en que vayamos asumiendo un tipo de pensamiento (que todavía existe) de tipo más masculino, tomando decisiones en la forma en que ellos lo hacen, riéndonos de las mismas bromas y no dejándonos ser nosotras mismas, sencillamente.

Está demostrado que la mujeres, en general, somos mas empáticas y mejores comunicadoras que los hombres, ¿porqué dejamos que esas cualidades se queden en el cajón con nuestras faldas? Con falda o pantalón cada persona es única y tiene mucho que aportar ¿por qué tantas mujeres están sintiendo la necesidad de vestirse de hombres para sentirse empoderadas? ¿ No es eso como admitir que una falda es sinónimo de debilidad?

Y tú ¿ qué opinas?

Si quieres leer más sobre Virginia Woolf quizás te interese esta entrada en mi blog:

https://coachingbywords.com/una-habitacion-propia/

 

(Visited 4 times, 1 visits today)

Leave A Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *